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¿Para qué esperar a enero si se puede empezar una vida nueva en Abril? Hay muchas movidas a nivel personal que no voy a compartir aquí, pero digamos que mi casa está en venta y a mis treinta y tantos años estoy a punto de entrar en una nueva fase*.
Pero al grano, las conclusiones del MMM11. Habréis notado por el tono de los últimos posts que he terminado un poco estresada, puede parecer que no me ha gustado participar, pero realmente no es así. Vamos por partes, primero lo positivo:
- Coso según mi gusto y mi libre albedrío. Mi guardarropa hecho a mano es poco práctico, excéntrico y totalmente inadecuado a mi vida diaria. La costura utilitaria me aburre mortalmente y no estoy por la labor (chiste malo del día). Conclusión: debería adaptar mi vida a mi ropa y no al revés.
- En este año que llevo cosiendo he pasado de hacer, hmm, prendas de las cuales prefiero no acordarme a hacer cosas mas que decentes, técnicamente hablando, incluso estéticamente interesantes (categoría “vestidos que empiezan una conversación” – esto dicho literalmente porque me ha pasado unas cuantas veces este mes). Conclusión: el año que viene por estas fechas espero haber aprendido muchas más técnicas, habré dominado la overlock y quien sabe si tendré un blazer de cuatro estrellitas del Burda. Aunque con terminar de una puñetera vez ciertas prendas inmencionables me conformaría.
- La limitación obliga a usar la imaginación. El número de prendas ha sido exactamente 14 y ha sido todo un reto vestirme por las mañanas intentando dar un nuevo twist a este vestido o al otro. Cinturones, medias, zapatos, sin los accesorios no lo habría logrado.
Y las menos postivas:
- No tiene nada que ver con la costura sino con una cuestion mental – la mencionada limitación de vestuario me da yuyu. Acostumbrada a tener un armario (o dos) llenísimo a mi disposición, tener que pasar un mes con sólo 14 prendas ha sido casi, casi un trauma. Y para más inri, yo sigo blogs como Cargo Cult Craft y The wardrobe reimaged, muchachas que se han autoimpuesto durante un año el racionamiento de ropa que tuvieron que seguir las mujeres en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. No sólo admiro profundamente a estas mujeres, sino que ahora mismo sé que sería absolutamente imposible que yo voluntariamente me impusiera semejante austeridad. ¡PERO! Tal y como está el mundo y sin entrar en consparanoias del 2012 ¿y si mañana nos vemos en esa situación de verdad? Estas cosas me mantienen despierta por las noches. Conclusión: los últimos días se me han hecho muy cuesta arriba por estar obligada a vestir ciertas prendas predeterminadas y no lo que me hubiera apetecido llevar. Viéndolo positivamente, soy una privilegiada y nunca más volveré a decir “no tengo qué ponerme” (a ver, nunca-nunca, tampoco, pero sí siendo consciente de que no es verdad).
- No, el punto anterior no es exactamente correcto. ¡Lavar a mano es lo peor! Lo siento mucho, pero no me atrevo a meter mi ropa en la lavadora. A ver si en una hora se va a estropear lo que me ha costado hacer días. Por otro lado, tener que lavar a diario los vestidos tiene tela marinera.
Seguramente habrá más conclusiones, pero ahora mismo estoy poco centrada y puede que este blog se resienta un poco. Por ejemplo, hay un vestido terminado desde hace dos semanas y lleva colgado esperando su turno. Puede que espere unos días más, ya puestos.
*A buen entendedor pocas palabras bastan.
¿Para qué esperar a enero si se puede empezar una vida nueva en Abril? Hay muchas movidas a nivel personal que no voy a compartir aquí, pero digamos que mi casa está en venta y a mis treinta y tantos años estoy a punto de entrar en una nueva fase*.
Pero al grano, las conclusiones del MMM11. Habréis notado por el tono de los últimos posts que he terminado un poco estresada, puede parecer que no me ha gustado participar, pero realmente no es así. Vamos por partes, primero lo positivo:
- Coso según mi gusto y mi libre albedrío. Mi guardarropa hecho a mano es poco práctico, excéntrico y totalmente inadecuado a mi vida diaria. La costura utilitaria me aburre mortalmente y no estoy por la labor (chiste malo del día). Conclusión: debería adaptar mi vida a mi ropa y no al revés.
- En este año que llevo cosiendo he pasado de hacer, hmm, prendas de las cuales prefiero no acordarme a hacer cosas mas que decentes, técnicamente hablando, incluso estéticamente interesantes (categoría “vestidos que empiezan una conversación” – esto dicho literalmente porque me ha pasado unas cuantas veces este mes). Conclusión: el año que viene por estas fechas espero haber aprendido muchas más técnicas, habré dominado la overlock y quien sabe si tendré un blazer de cuatro estrellitas del Burda. Aunque con terminar de una puñetera vez ciertas prendas inmencionables me conformaría.
- La limitación obliga a usar la imaginación. El número de prendas ha sido exactamente 14 y ha sido todo un reto vestirme por las mañanas intentando dar un nuevo twist a este vestido o al otro. Cinturones, medias, zapatos, sin los accesorios no lo habría logrado.
Y las menos postivas:
- No tiene nada que ver con la costura sino con una cuestion mental – la mencionada limitación de vestuario me da yuyu. Acostumbrada a tener un armario (o dos) llenísimo a mi disposición, tener que pasar un mes con sólo 14 prendas ha sido casi, casi un trauma. Y para más inri, yo sigo blogs como Cargo Cult Craft y The wardrobe reimaged, muchachas que se han autoimpuesto durante un año el racionamiento de ropa que tuvieron que seguir las mujeres en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. No sólo admiro profundamente a estas mujeres, sino que ahora mismo sé que sería absolutamente imposible que yo voluntariamente me impusiera semejante austeridad. ¡PERO! Tal y como está el mundo y sin entrar en consparanoias del 2012 ¿y si mañana nos vemos en esa situación de verdad? Estas cosas me mantienen despierta por las noches. Conclusión: los últimos días se me han hecho muy cuesta arriba por estar obligada a vestir ciertas prendas predeterminadas y no lo que me hubiera apetecido llevar. Viéndolo positivamente, soy una privilegiada y nunca más volveré a decir “no tengo qué ponerme” (a ver, nunca-nunca, tampoco, pero sí siendo consciente de que no es verdad).
- No, el punto anterior no es exactamente correcto. ¡Lavar a mano es lo peor! Lo siento mucho, pero no me atrevo a meter mi ropa en la lavadora. A ver si en una hora se va a estropear lo que me ha costado hacer días. Por otro lado, tener que lavar a diario los vestidos tiene tela marinera.
Seguramente habrá más conclusiones, pero ahora mismo estoy poco centrada y puede que este blog se resienta un poco. Por ejemplo, hay un vestido terminado desde hace dos semanas y lleva colgado esperando su turno. Puede que espere unos días más, ya puestos.
*A buen entendedor pocas palabras bastan.