miércoles, 28 de julio de 2010

Utilidad vs Frivolidad en la costura

Este tema me mantiene ocupada, estas ideas revolotean en mi cabeza como mariposillas.
A la hora de empezar un proyecto nuevo siempre surge la duda: ¿Qué quiero coser? Si voy a dedicarle unas cuantas horas a la semana, y dado que soy muy lenta cosiendo, tendrá que ser algo que me entusiasme. Esto no significa per se algo ponible, útil, de mucho uso o peor todavía: normal. No, yo soy de gustos extravagantes, me gusta hacerme una chaqueta naranja, un mono ancho, un mono corto, un vestido vintage, las telas de Ikea, las moñas rojas, pero ... ¿me pondré esta ropa? Si, puede que quede satisfecha con el resultado, después de dedicarle horas de mi vida, pero de qué sirve si se va a quedar colgando en el armario para siempre.
Mi actitud respecto a la moda y estilo es una pura dicotomía:
- Por un lado no hay cosa que me guste más que pasar desapercibida, ser gris, no atraer la atención sobre mí. A esta parte de mí le gusta observar a los demás sin ser observada. Cuando te hacen la pregunta ¿qué superpoder te gustaría poseer? la respuesta es claramente ser invisible. En términos de moda esto se traduce en un uniforme laboral que se compone de pantalones oscuros, camisas blancas y jerseys de cuello alto negros. Los tengo a montones, rotan por mi armario contínuamente, son intercambiables, indistinguibles. Cuando antes iba de compras (ahora no voy tanto) siempre tenía la sensación de comprar la misma prenda una y otra vez, ir a lo seguro, ser un aburrimiento.
- Por otro lado, me gusta la moda, me gusta sin apología. Los colores, formas, acabados, texturas, etc. Si una prenda me parece extraordinaria me puedo pasar un buen rato en la tienda mirándola y fijándome en los detalles. El rojo es uno de mis colores favoritos y no es precisamente discreto. Esta es la parte de mí que compra un vestido morado con un escote que me llega al ombligo (no me lo he puesto nunca), un vestido largo marrón de gala (languidece en mi armario desde hace 10 años), etc, etc. Ahora mismo cada nueva prenda que coso corre el peligro de terminar en esta lista ya de por sí demasiado larga.
La atracción hacia la excentricidad no tiene que ver con el exhibicionismo. De hecho, si pudiera salir como un pavo real a la calle y ser invisible sin duda lo haría. Pero no es así, si salgo con una chaqueta naranja hecha con una tela de Ikea estoy segura de que voy a recibir ciertas miradas en la calle, con lo cual no me la pongo. Con lo cual vuelvo al principio, al origen de esta duda que me asalta constantemente ¿debería coser este vestido o n0?

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